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Alfonso Cuñado - "Expresión Pasión Color" ( 15 marzo - 07 abril 2012 )

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La teoría del arte contemporáneo ha pugnado por equiparar la pintura con la música al menos

desde los escritos de Kandinsky. En “De lo espiritual en el arte” el gran creador ruso describe

lúcidamente su aspiración de identificar ambos lenguajes, mejor aún, de elevar la pintura a

la categoría suprema de que disfruta la música por su propia naturaleza: la capacidad de expresar

sentimientos y emociones sin recurrir al relato, sin pasar por la mera transcripción

mimética de lo real.

Alfonso Cuñado se declara heredero de esta línea estética que sin duda constituye uno de los

pilares de la filosofía del arte contemporáneo. Su pintura es música, pura reverberación de

formas y colores. Espacios sonoros, movimientos lineales, ritmos y cadencias en cuya combinación

interviene una sensibilidad casi acústica pese a la aparente dificultad para transponer

las sensaciones visuales o táctiles a la de las formas y las estructuras perceptibles a través

del oído. El universo plástico del artista charro opera por medio de variaciones, improvisaciones

o composiciones que evocan tanto el mundo musical del jazz como la propia terminología

de los trabajos de Kandinsky en su legendario camino hacia la conquista de lo abstracto

(léase lo expresivo sin más, la elocuencia pura libre de tema o relato de una historia).

La función del tema es la misma que la de un standard cualquiera de jazz afroamericano que

se presta a interpretaciones múltiples, a infinitas armonizaciones, tiempos y manipulaciones

tímbricas. Tanto si se trata de estudios microcósmicos (naturalezas muertas con limones, granadas,

tazas y botellas dispuestas sobre una mesa en un cierto orden), como si el pintor se

propone representar el macrocosmos (paisajes urbanos, panorámicas de ciudades o exteriores

susceptibles de un trabajo riguroso de deconstrucción y recomposición geométrica), Cuñado

se deleita con la espátula, el pincel y los colores cual un pianista negro de Nueva Orleans improvisando

sobre los acordes venerables de una composición de Ellington o de Miles Davis.

El resultado de estas inspiraciones pictóricas son imágenes que rompen la naturaleza estática

del cuadro de caballete a través del desplazamiento de planos y volúmenes a la manera de facetas,

de juegos de caleidoscopio o, volviendo al símil musical, de secuencias armónicas y

movimientos sincopados, recursos que dotan a las obras de Cuñado de esa palpitación, esa

franqueza, esa vivacidad que las singulariza.

 

JORDI GONZÁLEZ LLÁCER

Doctor en Historia del Arte